Volver

Únete a la comunidad más estimulante en torno a la lectura. Comparte tus ideas. logo
thumbnail
veralandia.lectylabred.com
Fulgencio Castañar Ramos
Independiente (Biblioteca José Hierro)
Fulgencio tiene 1799 yo+
portrait-dummy Fulgencio Castañar Ramos     veralandia.lectyo.com
DE MIS LECTURAS: NOTAS DE AYER Y DE HOY

La mar nunca está sola, de Robert Saladrigas: una novela contra corriente.

En una época en la que domina la frivolidad en la mayoría de las manifestaciones artísticas y en la que, con frecuencia, se da el nombre de literatura a obras que son páginas para usar y tirar, sorprende el atrevimiento de un escritor, Robert Saladrigas, que va en una dirección contraria y, en vez de contar una historia fácil, inocua, osa plantear en esta novela los aspectos fundamentales de la condición humana y el papel que corresponde a la literatura, es decir, temas que transcienden del arte a la vida y son, además, capaces de traspasar la circunstancia local, Cataluña, y de expandirse no sólo hacia este corral nublado meseteño -que si no lo es, parece serlo cada vez más-, sino también puede superar cualquier tipo de frontera por la dimensión universal de sus temas.
Robert Saladrigas presenta la andadura vital y las ideas claves sobre la vida, la muerte y el arte de un escritor noruego que yace en la alcoba de un clínica barcelonesa con la seguridad de que su último día está ya inminente de una forma inevitable. El autor escoge como narrador al mismo protagonista quien, en conversación con enfermeras, médicos y un amigo, tira de los hilos de su memoria para que el lector tenga los retazos y entrecruzamientos de todas su líneas vitales; a este elemento - la serie de conversaciones- hay que unir, además, un par de cartas que vienen a completar el periplo de este personaje, una serie de causas que le ha llevado desde su lugar de origen, una pequeña ciudad noruega, a las riberas del Mediterráneo.
La situación irreversible del protagonista, contagiado en un acto de amor con la mujer querida, le da pie para sostener una visión pesimista de la existencia humana y si la acepta, sin rebelarse ante la injusticia y el sufrimiento sin sentido que tanto abunda por todo el mundo, no es por sus creencias religiosas, sino como resultado de su racionalismo agnosticista. No necesita para entender el mundo de la idea Dios, de ahí sus ocasionales críticas a la Iglesia y a su representante máximo actual por su postura ante el aborto, la pena de muerte y la eutanasia. El conjunto de miserias humanas y de sufrimientos sin perspectivas de remisión no le lleva a una concomitancia con la angustia existencial de los pensadores europeos de la primera mitad de siglo, sino que supera la postura de Camus con una dosis de serenidad ante circunstancias inmutables que tiene mucho que ver con el senequismo.
El personaje recordará dos vertientes de su pasado: la vida privada y la profesional; no serán polos opuestos sino que se fusionan con frecuencia. A la primera dan consistencia los conflictos amorosos que giran en torno a la imposibilidad de convivir con la mujer de su vida por cobardía propia y por los obstáculos que le plantea, en los momentos claves, su hija, a la sazón, adolescente. El segundo plano, el profesional, incidirá notoria y desgraciadamente sobre la vida privada como consecuencia de una denuncia por obscenidad que sufre tras la publicación de su segundo libro. Incidente que le producirá el síndrome de la página en blanco y una esterilidad con lo que esta conlleva de muerte para el escritor, ya que ésta no será pasajera sino que le durará más de veinte años. De ahí arrancará una vida en continua soledad y un odio tanto para el entorno local en que se aísla para tratar de romper esa situación como al nacional, un odio que acabará convirtiéndolo en un hombre errante por todos los mares del mundo enrolado en barcos pesqueros y a vivir en los cuatro continentes dedicado a trabajos muy dispares.
Junto a la narración de los actos del protagonista también hay presentación de otros, un cuento de entronque sudamericano, leyendas noruegas, anécdotas en unos casos para mostrarnos metáforas de la vida, en otros para señalar al lector la importancia de azar y el encadenamiento de causas, aspectos claves para entender la visión de la vida y del arte tiene el protagonista. Saladrigas nos entrega el contenido de la obra como un ejercicio de oralidad presentado de una forma peculiar, pues, si lo hace a través de un conjunto de conversaciones, sólo nos permite escuchar la voz del novelista enfermo, que, para dar continuidad a su discurso, de cuando en cuando, se apoya en diversas frases de sus interlocutores; de esta forma Saladrigas convierte lo que, en la realidad, debía ser un diálogo en un monólogo.
Como es una novela intelectual, son sus contenidos, junto a la envoltura con que nos los ofrece al lector, lo más sobresalientes, pese a que la mayoría de ellos sean muy obvios; si los resalta es, sin duda, porque el hombre actual los tiene, si no olvidados, sí arrinconados, procura no hablar de ellos porque resulta poco elegante y prefiere esconder su propia miseria en el aturdimiento de la vida cotidiana. Saladrigas resalta que el hombre es un ser para la muerte, que el sufrimiento inevitable es algo inherente a la naturaleza humana por ser el hombre el único ser con raciocinio; además afloran otras reflexiones como la injusticia que sufren los inocentes, la ignorancia y las falsas ilusiones, -Nieztche al fondo-, como condición para ser feliz, la soledad, la vida como conflicto, la relación entre el hombre y el artista, el predominio de lo vital sobre lo artístico, la fidelidad del escritor para consigo mismo, la confusión entre la realidad y la invención... y entre los ingredientes no narrativos inserta referencias cultas del mundo del arte, la música y la literatura. Con esto ya queda anotado que esta novela supone una superación del realismo de obras anteriores del propio autor, como El vuelo de la cometa, El sol de la tarde; aquí se adelgaza la trama por medio de la presencia de la elipsis y de la síntesis y, además, engalana muchos episodios con una transcendencia simbólica, prueba fehaciente del tratamiento artístico que Saladrigas da a la materia literaria.
El autor, mejor acaso que el personaje, se apoya, con frecuencia, en elementos del entorno cercano para saltar, a través de la memoria, al pasado; sin embargo, peca, a veces, de la interrogación retórica y de apuntes descriptivos de lo próximo, e incluso, de elucubraciones sobre alguna persona de la clínica, reflexiones que no tienen, en la mayoría de los casos, otra significación que la demora, ciertamente voluntaria del ritmo narrativo.
Respecto a la lengua podemos señalar que la traducción de Flavia Company -es proverbial que una novela catalana para triunfar en España haya de traducirse al castellano- es muy pulcra, aunque se le escape a la traductora alguna rima interna y alguna expresión poco exacta. El tono coloquial se levanta progresivamente y el lenguaje que, en un principio, parece desnudo, se enriquece afortunadamente con la traición a la verosimilitud; la calidad y el dominio de la lengua nos la muestra el autor con la transgresión al principio que estructura la novela, la oralidad, pues hay párrafos en los que inserta estructuras plurimembres que son más propias de la lengua escrita que de la hablada.
Nos encontramos, pues, ante una novela cuyo autor apuesta por la reflexión y plantea cuestiones que, por comodidad, el hombre prefiere orillar Si hace unas décadas se exigía al lector una colaboración muy activa -años del experimentalismo literario- para descifrar algunos rompecabezas narrativos, Saladrigas sólo nos pide sosiego y soledad, una insignificancia en esta vida cada vez más ajetreada, para enfrentarnos no con la novela, sino con nosotros mismos; nos exige, en suma, con el ejercicio de la lectura, adentrarnos en la conciencia de nuestra propia fragilidad, aprender a vivir y también, en antítesis quevediana de las que hay varias en la obra, a morir después cada uno en consecuencia. Así de sencillo, una propuesta que sólo es posible desde la madurez ya granada, como la que hay en la vida de Saladrigas, tanto en lo humano como en lo artístico. Como al lector le ha de interesar este último aspecto, baste recordar que su obras han sido galardonada con diferentes premios y, concretamente, esta novela que hemos comentado con el Carlemany para versión original en catalán.




 
 
Comentar    ·   Seguir a Fulgencio Castañar Ramos    ·    (132)
12/06/2014




Busca aquí posts por temas según las etiquetas # que han puesto los lectores
Temas destacados
Redes sociales




© 2017 LECTYOLABRED All rights reserved. - Versión móvil - Powered by IBL Studios - Aviso legal