Volver

Únete a la comunidad más estimulante en torno a la lectura. Comparte tus ideas. logo
thumbnail
veralandia.lectylabred.com
Fulgencio Castañar Ramos
Independiente (Biblioteca José Hierro)
Fulgencio tiene 1799 yo+
portrait-dummy Fulgencio Castañar Ramos     veralandia.lectyo.com
HACIA EL FINAL DE LA PASIÓN POR LOS LIBROS


Los signos de los últimos tiempos nos parecen claros: llegará un día en el que los libros, en el formato en que han llegado hasta nosotros, habrán desaparecido de la vida cotidiana; tardarán aún varias generaciones en verlo, pero, inexorablemente, lo que antes, por ejemplo a mitad del siglo XX, parecía imposible, será realidad: nos guste o no, los días que faltan para esa fecha fatídica son contables, aunque, por ahora, seamos incapaces de contarlos. Las nuevas tecnologías, los cambios sociales, las nuevas formas de vivir se llevarán por delante esas encuadernaciones de hojas de papel que tanta felicidad, desasosiego, misterio, ensoñación, fantasías, conocimientos, compromiso, maduración personal, descubrimiento de la vida y del mundo, en fin, esperanzas…, que tanto entretenimiento, luz y caminos han aportado a la sociedad en los últimos siglos. No es aventurado decir que las personas que han nacido en el siglo XXI conocerán su desaparición, sino también que muchas, con sus hábitos, sin saberlo, contribuirán a ello.
Aunque no nos guste esta perspectiva, es fácil de comprender que algún día desaparecerá la pasión por el libro y la primacía de su uso generalizado como elemento básico de formación cultural de las personas ya se ha iniciado; no obstante, siempre habrá –rara avis- recalcitrantes que sientan devoción por ellos y los veneren, cuiden y busquen como coleccionistas y es posible que las bibliotecas pasen a convertirse en museos del libro.
Los bebés de las últimas generaciones –cada vez más precoces en determinados aspectos- en cuanto tienen cierta capacidad mental y de movimiento se echan encima de sus padres que, con frecuencia están en el sofá, con un dispositivo en las manos; la mente del bebé, aún sin abrir al pensamiento, es atraída por el encanto de figurillas en forma de dibujos animados que se mueven constantemente, ríen, cantan, bailan y, en suma, la pequeña actividad mental del bebé empieza, por la vista y el oído, a ser seducida por el artilugio hasta el extremo de que, en el caso de que los infantes sean renuentes a comer, sus padres, con la mejor voluntad, utilizan estos medios como recursos para que se alimenten; y es posible que el uso de la tableta no sea solo una vez, sino varias veces al día. Son medios que ayudan a mantener la atención en la pantalla y, distraídos de lo fundamental en ese instante, los niños abren la boca más atentos a la pantalla que a la comida. Así los padres consiguen uno de sus deberes primordiales. Es cierto que la frecuencia de su uso se convierte en una necesidad, pues la seducción es de tal grado que los niños se acostumbran a exigir los dispositivos electrónicos como requisito indispensable para empezar a abrir la boca. El afianzamiento de los hábitos puede ser de tal magnitud que, si los padres no lo dominan y cortan, en vez de ceder en cada ocasión, es posible que se les desarrolle una adicción que los psicólogos ya denuncian como altamente perjudicial para el desarrollo mental de los niños. La medida tiene, pues, sus ventajas e inconvenientes. Tras la adquisición de una familiaridad con tales artilugios tecnológicos nos tememos que luego los libros no les resulten tan atractivos, sugerentes ni apasionantes. Y así puede comenzar un distanciamiento que será mayor en cada nueva generación. Y si no adquieren de pequeños ese contacto lúdico y no lo ven como una puerta abierta a la sorpresa, a lo magia, al misterio, es difícil que se habitúen de mayores cuando las contraofertas serán más frecuentes y llamativas.
Habrá quien me objete que las nuevas tecnologías están produciendo un fenómeno inverso: que cada día se lee más y tienen razón; pero no se leen más libros en su estado natural, la impresión en papel. Se está extendiendo, no con la velocidad que quisieran sus promotores, el uso del libro electrónico, ese preciado objeto de deseo en el que, en un mínimo e increíble espacio, se puede recopilar una biblioteca. Y se acabará por imponer a medida que pasen los años, pero aún somos muchas las personas que aún tenemos un apego fuerte a las impresiones visuales, táctiles y a la forma de comprensión lectora que hemos aprendido desde niños al pasar las páginas impresas encuadernadas en pasta o en rústica. Pero cada vez somos menos. La brisa de los días otoñales llena cada día el suelo de nuevas hojas caídas en cuyo envés es fácil entrever la imagen de una persona con un libro en las manos.
Que la desaparición del libro va en picado nos los muestran las librerías que se cierran, las editoriales grandes con pérdidas notables o escasos beneficios, las pequeñas que están en crisis…
En fin, aunque los síntomas vayan en la dirección apuntada, la pasión por los libros aún se mantendrá, por fortuna, durante muchos años; no olvidemos que uno de los fenómenos de las últimas décadas es la proliferación de clubes de lectura, lo que significa que aún perdurará por algún tiempo la pasión por los libros tal como los conocemos hoy día.


 
 
Comentar    ·   Seguir a Fulgencio Castañar Ramos    ·    (113)
12/11/2014




Busca aquí posts por temas según las etiquetas # que han puesto los lectores
Temas destacados
Redes sociales




© 2017 LECTYOLABRED All rights reserved. - Versión móvil - Powered by IBL Studios - Aviso legal